El congreso

Una  educación sin exclusiones constituye un compromiso ético, político y pedagógico ineludible para garantizar el derecho a una educación equitativa de calidad a todas las personas y mitigar las prácticas discriminatorias y excluyentes en y desde la educación.  Lejos de representar una modalidad o medida compensatoria del sistema, la inclusión se erige como un principio transformador y estructurante que interpela la organización misma de los sistemas educativos, las políticas públicas, las prácticas pedagógicas y las culturas escolares.

En este marco, el congreso “Educación sin Exclusiones, CLEsE” se plantea como un espacio de encuentro, diálogo y construcción colectiva de saberes.  Desde una perspectiva latinoamericana, se propone visibilizar y analizar experiencias, tensiones y desafíos que atraviesan los procesos de transformación hacia escuelas y sistemas educativos más  justos, democráticos e inclusivos.

Promover el intercambio de experiencias, conocimientos e investigaciones en torno al binomio inclusión-exclusión y su vinculación con la calidad de la educación y la justicia social.

Analizar críticamente las políticas, prácticas y marcos regulatorios que inciden en la inclusión y equidad en los sistemas educativos.

Visibilizar enfoques y propuestas pedagógicas o didácticas que aborden la diversidad en sus múltiples expresiones como elemento que enriquece el aprendizaje de todos.

Analizar modelos de formación y desarrollo docente, su impacto en la construcción de comunidades educativas que acogen y valoran la diversidad.

Fortalecer redes de trabajo colaborativo entre docentes, investigadores, gestores y actores sociales comprometidos con el derecho a una educación de calidad, sin exclusiones en Latinoamérica.

Este eje aborda el estudio de las configuraciones estructurales, normativas y político-institucionales que determinan el carácter inclusivo o excluyente de los sistemas educativos. Se centra en el análisis de las políticas públicas, los marcos regulatorios, los modelos de gestión, evaluación, financiamiento y rendición de cuentas, en relación con la construcción de sistemas educativos inclusivos, equitativos y de calidad para todos/as, así como en los mecanismos y barreras del sistema y las escuelas que contribuyen a la producción de desigualdades y a la segregación escolar.

La inclusión se concibe aquí como un principio rector de la política educativa, vinculado a la justicia social y a la distribución equitativa de recursos y oportunidades de aprendizaje. En diálogo con los compromisos de la agenda de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, en particular con el ODS 4, se propone una mirada crítica sobre las tensiones y brechas existentes entre las declaraciones/discursos inclusivos y su concreción en los territorios, considerando las condiciones históricas, sociales y culturales que inciden en su implementación.

Este eje problematiza las prácticas pedagógicas y didácticas desde una concepción de la diversidad como valor constitutivo de la tarea educativa. Prestar atención a la pluralidad de trayectorias, saberes, lenguas, culturas, identidades, (dis)capacidades y experiencias, requiere propuestas de enseñanza que partan del reconocimiento activo de las diversidades que configuran el aula. Se propone discutir cómo se tensionan y resignifican las prescripciones curriculares en contextos concretos, así como los desafíos que enfrentan los equipos directivos y docentes para construir prácticas auténticamente inclusivas e interculturales.

En tal sentido, comprende aquellos enfoques, metodologías y estrategias que favorecen la participación,  el aprendizaje y las interacciones entre las y los  integrantes de la comunidad educativa. Entre otros,  los enfoques de diseño universal, la diversificación del currículum y de la evaluación, los modelos inclusivos de apoyo, el trabajo colaborativo y la coenseñanza, el aprendizaje entre pares.

La formación docente, tanto inicial como continua, constituye un factor clave en los procesos de transformación para la construcción de escuelas inclusivas. Este eje se focaliza en los modelos curriculares y enfoques formativos, los perfiles y competencias pedagógicas, y dispositivos institucionales que estructuran los trayectos formativos del profesorado.

Desde una perspectiva crítica, se aborda el papel de las instituciones formadoras en la producción de saberes y posicionamientos éticos capaces de interpelar lógicas racistas, sexistas, clasistas, meritocráticas, patologizantes o capacitistas. La justicia social como horizonte formativo requiere directivos y docentes reflexivos, comprometidos con la equidad y preparados para liderar procesos de cambio e intervenir en contextos de creciente desigualdad y complejidad sociocultural.

La institución educativa, como reproductora de la sociedad, no permanece ajena a las crisis políticas, sociales y éticas, las que inciden de manera creciente en la convivencia y el bienestar socioemocional de sus integrantes. Al mismo tiempo, se le reconoce el rol insustituible que juega para enseñar y aprender a vivir juntos; fomentando así, la construcción de una ciudadanía democrática para la justicia social y cultura de paz.

Ante la urgente necesidad de consolidar una convivencia bien tratante, este eje invita a reflexionar críticamente sobre modelos basados en la competencia, así como en los efectos de las políticas y estrategias de abordaje de la violencia escolar que responden a lógicas punitivas excluyentes, las que afectan de manera diferenciada a los grupos más vulnerabilizados. En contraposición, pone en valor aquellas reflexiones teóricas, investigaciones y prácticas educativas, que promueven el reconocimiento, el diálogo, el cuidado, el sentido de pertenencia y la colaboración, como formas más efectivas y justas de enfrentar los crecientes grados de conflictividad que tienen lugar en los entornos educativos. De esta forma,  busca ampliar la comprensión del fenómeno de la convivencia en la diversidad y a compartir respuestas educativas creativas que apuesten a la promoción de una cultura  inclusiva,  en favor del desarrollo de sociedades más cohesionadas,  justas y democráticas.

El tránsito hacia una investigación inclusiva requiere explorar enfoques y técnicas más participativas, colaborativas, accesibles y éticamente implicadas. En este eje se discuten los fundamentos teóricos, metodológicos y políticos de una investigación en educación consecuente con los valores de la inclusión y la equidad, capaz de alejarse de perspectivas abstractas o desancladas de las experiencias concretas. Desde esta mirada, investigar no supone únicamente escuchar voces históricamente omitidas por culturas investigativas tradicionales, sino generar condiciones para que quienes participan puedan problematizar, crear y producir conocimiento situado desde sus propias experiencias, saberes y relaciones. En este marco, se promueven procesos de investigación que reduzcan asimetrías, fortalezcan vínculos de horizontalidad, reconocimiento y corresponsabilidad, y comprendan el conocimiento como una construcción relacional. Asimismo, se reconoce su potencial para incidir en las políticas, la formación docente y las prácticas pedagógicas, aportando miradas críticas desde el Sur que amplíen los marcos interpretativos y de acción en torno a la inclusión y la equidad educativa en Latinoamérica.

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